Psicosomática

La psicosomática es una especialidad que plantea el rol de la psicología en el desarrollo, recuperación y tratamiento de enfermedades médicas. Sabemos hoy que la mayoría de las enfermedades son el resultado de un fracaso determinado por múltiples factores. No todas son causadas por un patógeno externo, pero incluso en los casos en que son el factor determinante, como por ejemplo en una infección, entran en juego otras dimensiones del cuerpo humano. Un ejemplo cercano a todo el mundo es la experiencia de que, aun en una misma casa, es habitual que no todo el mundo coja la gripe al mismo tiempo.

Tradicionalmente se habla de tres grandes factores de riesgo.

El primero y, en el estado actual de la ciencia, el más difícil de cambiar, es el que deriva directamente de nuestra información genética. La herencia genética de cada uno determina una importante parte de nuestro funcionamiento biológico. Sin embargo, aunque estemos viviendo desde hace unos años un cierto furor en la investigación de la relación entre enfermedades y determinados genes específicos, la verdad es que los últimos resultados apuntan a que solo el 5 a 10 % de los cánceres tienen tendencia a ser hereditarios.

El segundo gran factor es el estilo de vida. Se trata de una dimensión tremendamente amplia y muy interconectada con aspectos económicos, culturales, psicológicos, educativos o geográficos. Los estudios demográficos sitúan el nivel económico como el más determinante de todos. Una buena o mala alimentación, fumar o no, practicar deporte o tener acceso a cuidados de salud avanzados son solo algunos de los ejemplos que podríamos presentar.

El tercer gran factor es la dimensión psicológica. Sabemos que existen determinados funcionamientos psíquicos (formas de procesar la realidad) que influyen mucho en la salud física de las personas. Habitualmente los procesos inflamatorios y el debilitamiento del sistema inmunitario son dos de los procesos que se creen más frecuentes en el camino entre la psicología y el cuerpo. Ciertas formas de depresión (aunque no todas), un nivel de auto-exigencia exagerado, una vida marcada por el deber sin espacio para el deseo, el insomnio, la dificultad de conectar, codificarlos y expresar los afectos, etc. son algunas de las características que sabemos que influyen negativamente en la capacidad del cuerpo para luchar contra la enfermedad.         

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